Pioneros

    María José Sirera
    Mary Ward
    Antoni Pascual

María José Sirera

Fidelidad y Libertad

Su vida fue una auténtica peripecia vital y espiritual. Estudiante en la Universidad de Barcelona era una compañera brillantísima, simpática y generosa. Su vida fue impulsada por una fuerza espiritual valiente, llena de luz y de dolor. Persona lúcida, equilibrada, responsable y perspicaz fue una intelectual rigurosa. Su gran fuerza la hacía libre, en cada encrucijada, para llevar a cabo lo que creía era su misión. En los momentos más dolorosos de su vida hablaba siempre de amor, alegría, paz y gozo. Le enervaban la estupidez y la injusticia.

María José se arriesgó a penetrar en su propia conciencia, a escucharla, a ver claro a partir de ella. Su conciencia la ilumina y es un verdadero manantial interior. Esa fuerza interior es la que la condujo a la libertad en soledad y a comprometerse humanamente a fondo en todos los momentos de su vida: en la política, en la docencia y en el trabajo manual. Evolucionó desde la obediencia a las superioras de su Instituto y a su director espiritual, hasta la fidelidad a su conciencia. Esa fidelidad es la que la hizo libre y es la que también le condujo a aquella soledad que purifica. En sus últimos años como militante del PSOE tampoco perdió su libertad, porque no utilizó al partido sino que desde él se puso al servicio de los más débiles.

Después de su muerte, el 13 de mayo de 1982, su carné del PSOE y sus libros considerados tendenciosos son quemados en la finca familiar, pero dejó un dossier ordenado con los principales documentos de su vida religiosa, sus poesías y su diario íntimo a través de los cuales y entrevistas a numerosos testigos de su vida se ha podido rehacer su biografía.

María José Sirera Oliag nace en el seno de una familia valenciana. Aprueba el primer curso de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia y a los 18 años ingresa en las Esclavas del Sagrado Corazón.

Una novicia atípica

Entró en el Noviciado de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús en Pamplona a los dieciocho años recién cumplidos con la determinación de hacerse santa.

Había sido una alumna excepcional del Colegio de las Esclavas de Valencia, donde sobresalió por sus excelentes calificaciones tanto en las asignaturas de ciencias como de letras. Su padre pudo pagar las cincuenta mil pesetas de dote que en aquel momento el Instituto requería para entrar en él. Su vida interior se manifestó con alegría desbordante. Sus risas son célebres en el Noviciado.

No era una novicia “ejemplar” con los ojos bajos y movimientos contenidos, Pero siempre cumplió escrupulosamente el espíritu de las reglas.

Universitaria

Después de sus votos fue destinada a Barcelona para continuar la carrera de Filosofía y Letras. Allí tuvo un gran maestro, Jaume Vicens i Vives a quien en seguida supo captar y conseguir que le dirigiera la tesina de licenciatura.

En 1959 acaba la carrera y obtiene la Licenciatura con la calificación de “sobresaliere por unanimidad”. Su tesis “obreros en Barcelona 1900-1910″ fue un estudio estadístico económico-social sobre la vida obrera en Barcelona.

Trabajo de extraordinaria calidad, fue un modelo de investigación. Esta tesina le conmovió en profundidad, como el grano de mostaza del Evangelio que cayó en tierra fértil, fue esta investigación la que le abrió a la vida obrera.

Acabó su tesina con una frase interesante de A. Goes “Quan j’ai vu toute cette misère devant moi, j’ai tout de suit compris de quel coté il fallait être”

Hermanita de Foucauld

El curso siguiente después de acabar sus estudios en la universidad, lo pasa en Roma preparándose para hacer sus votos perpetuos como Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, pero impactada por el problema social, antes de hacer los votos se plantea abandonar el Instituto para hacerse Hermanita de Foucauld y poder así trabajar con los más pobres pero fue disuadida por su Superiores prometiéndosele que desde el Instituto también podría hacerlo. Es entonces que pidió hacer la experiencia de la misión obrera desde las Esclavas, pero fue destinada a Valencia, donde estuvo durante tres años dedicada a la enseñanza para alumnas de niveles socioeconómicos altos y medio altos.

Doctora

A finales de 1963 recibió ordenes de su superiores de empezar a trabajar en su tesis doctoral. Decidió plantear el tema de su tesis doctoral como un estudio socioeconómico de las familias españolas desde 1939 a 1960 y sus posibilidades culturales con relación al nivel de la enseñanza secundaria. Se doctoró en 1967 con la calificación de “sobresaliente cum laude”, pero ella, más y más
queria “identificarse con Jesus imitando sobre todo su amor a los abandonados, su vida de pobreza y de martirio” “quiero entregarme, entregarme a la voluntad y al plan de Dios, trabajar para El, luchar, sufrir para El” “en mi hay dos tendencias fuertes, a la vida de oración, contemplando a Dios en todo y a la solidaridad con mi mundo, con mi época, con mis hombres, mundo de progreso, pobreza, e injusticia social. Quiero amar a Dios con la cabeza, con el corazón, con la voluntad, con el sentido estético, con todo..”

Conflicto de conciencia

En 1968 después de obtener el doctorado en Historia es nombrada Directora del nuevo Colegio Mayor Azaila en Zaragoza, un colegio mayor al alcance de ciertas economías que siempre fue considerado como un colegio para los privilegiados. Su conflicto se acrecentaba para ella con clara vocación de pobreza al servicio de los más pobres. Como directora de Azaila lleva a cabo un gran número de actividades a costa de horas de descanso y sueño, y para las que, en muchas ocasiones se movía conduciendo rápidamente un pequeño coche de la comunidad. En medio de esta vorágine de trabajo, y bajo su sonrisa, su vida interior era viva, intensa y de una oración que determinó su actuación y su futuro. En Pamplona hizo una ponencia sobre “Experiencia de Dios” y fue tal su manera de transmitir su experiencia espiritual que causó verdadero impacto y asombró a todos.

Se estableció una estrecha relación entre el Colegio Mayor Pignatelli y el Azaila como siempre había existido entre Jesuitas y Esclavas. Los dos Centro deseaban unos Colegios Mayores preocupados por lo social y por lo político, solidarios con los pobres.

Jesuitas obreros

A través de un grupo de estudiantes había entrado en contacto con el barrio de El Picarral y con la comunidad de jesuitas obreros que llevaban allí la Parroquia de Belen. Queda entusiasmada por la idea de conseguir una experiencia similar desde las Esclavas y de dar testimonio de Cristo siendo monja obrera y trabajando en una fábrica. Siempre que volvía del Picarral volvía oxigenada porque se le abría el corazón. Cuando se puso en contacto con ellos les decía “daría la piel por ser jesuita”

Intentos de reforma

María José intentó hacer una reforma de las Esclavas. La Iglesia con el Concilio se había replanteado su situación en el mundo. Encíclicas tan importantes como la “Gaudium et Spes” pedían un “aggiornamento” y llevaron a sus miembros a una vida de generosidad, de entrega al Evangelio, a un Evangelio visto desde los pobres. Este era el camino que María José escogió, un camino duro e
incomprensible, en la que cobró la mayor importancia su vida interior. Su ideal era poder realizar una misión obrera, dar testimonio de Cristo en el mundo obrero desde dentro de este mismo mundo obrero, siendo uno más entre ellos “no puedo vivir sin orar, pero no puedo orar y seguir igual”. Le urgía hacer lo que sentía que Dios le pedía, prescindiendo incluso de su propia salud. Pero ella deseó hacerlo desde su propio Instituto, sin dejar de ser monja, sin dejar de ser Esclava. Intentó convencer a la Madre General M Luisa Landecho para que le permitiera hacer la experiencia de la misión obrera. Pidió un Permiso de ausencia por un año y se le contestó que si quería realizar esta experiencia tenía que salir definitivamente del Instituto.

Paradigma

La postura de María José fue paradigmática de toda una generación de religiosos, que en su momento habían entregado su vida al ideal de la imitación de Cristo, de pobreza y de abnegación y que ante las reformas eclesiales impulsadas por El Concilio Vaticano II y por los grandes cambios mentales y culturales del momento vieron a sus institutos desfasados, dispuestos solo a pequeñas reformas en
muchos casos más superficiales que de fondo, y quizá ello fue aún más acentuado en Institutos femeninos, especialmente en los que eran de carácter clasista.

A finales de los año 60 y durante los setenta salieron de los Institutos de la Iglesia multitud de sus miembros, unos para integrarse en movimientos Sociales más comprometidos, otros para vivir de una manera más austera , auténtica y libre su ideal.

Fidelidad

Por fidelidad a su conciencia y por lo que considera debe ser la nueva Iglesia auspiciada por el Concilio Vaticano II, sale del convento para ir a trabajar, como obrera y en solitario, a dar testimonio de Jesucristo comprometiéndose radicalmente. Y lo hace hasta el límite de sus fuerzas, hasta quebrarse en su salud. Sale del Instituto con el corazón roto, con temor y confianza a la vez, con idéntico espíritu con que entró en el Noviciado. Amor, entrega, confianza.

Maria José, encarnó su vocación de trabajar para ayudar a los más pobres, aquí y ahora, vocación que ya sentía claramente desde hacia más de 10 años, en el Picarral, barrio obrero y pobre de Zaragoza, con problemas medioambientales de humedad y polución, casas sin acondicionar, carente de servicios sociales y culturales.

Obrera en El Picarral

Era la columna vertebral. Dura como una piedra, con mucha capacidad humana y mental. Inagotable siempre era capaz de encontrar algo debajo de lo más profundo. Un misticismo que era más manantial que luz. Maria José vivió de pensión en una familia obrera. Empezó a trabajar como obrera en 1970. Lo hizo en la empresa de limpieza RINI. Limpiaba en cines y en la Universidad Laboral.

Unos meses más tarde encontró trabajo en CAITASA, una importante fábrica de Tejidos para el hogar situada en el mismo barrio. Su vida interior y de oración siguió siendo su fuerza de energía: los fines de semana iba a hacer oración en el Monasterio de la Oliva. Se desbordó a sí misma en su deseo de ser pobre entre los más pobres y por sus grandes ideales.

Fin de una búsqueda incesante (1982)

En Febrero de 1982 tiene cuarenta y siete años, sufre un infarto agudo de
miocardio, del que sale muy afectada pero dice:

“y luego vi que sobrevivía y luego volví a verlo todo con las lágrimas llenas de amor que solo poseen
quienes llegaron a la frontera y obtuvieron un pasaporte para regresar ahora sé que todo vale mucho y nada”

En el borrador de su testamento leemos ” En estos momentos, confío mi vida a la misericordia de Dios aceptando con amor cuánto disponga sobre mí. Doy gracias al Padre por Cristo y en el Espíritu y por toda mi vida y mi muerte. Agradezco a mi familia, a los amigos y a una gran multitud de personas el cariño y la estima de que me han rodeado y les pido perdón por mis egoísmos, falta de atención e
interés o rudeza que he podido mostrarles. Ruego a Dios que bendiga a los que amo, a mi patria y que los pobres, explotados y marginados vean cambiar sus situaciones por la justicia y la solidaridad objetivos a los que he deseado entregar todas mis fuerzas”

Mª Julia de Eguillor.
FIDELIDAD Y LIBERTAD. Maria José Sirera Oliag. Vida y
Antología. Agosto 2000

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Mary Ward

Un nuevo monaquismo

Mary Ward nació el 23 de enero de 1585 en el Condado de Northumberland, situado al norte de York.

Durante su infancia, la familia tuvo que cambiar de residencia continuamente. Así fue como Mary desde muy pequeña empezó su peregrinación de un lado para otro, marcando su vida de una manera tan especial que podríamos llamarla “eterna romera de los destinos de Dios”

La última etapa de su infancia la pasó en casa de sus primos, los Bapthorpe. En los casi siete años que pasó allí fue creciendo y madurando en ella la idea de una vocación religiosa.

Mary sabía que para realizar su vocación tendría que dejar Inglaterra. Como no tenía conocimiento particular de ninguna orden religiosa ni medios de informarse en un ambiente en el que la persecución y la herejía habían dispersado y suprimido las comunidades religiosas, decidió encerrarse en alguno de los conventos del continente, eligiendo los Países Bajos, como lo hacían otras compatriotas suyas.

Una vez recibido el permiso paterno y dejando atrás la Patria, partió rumbo a lo desconocido. Era el año 1606. Su vida en ese momento, era un cúmulo de incertidumbre. La meta de su viaje era Saint Omer, dominio de la Corona española y gobernada por Isabel Clara Eugenia, hija predilecta de Felipe II, y Alberto de Austria. La proximidad con Calais y el ambiente católico constituían el lugar ideal para que se diesen cita en ella diversidad de órdenes religiosas. Así decide fundar un convento de clarisas para jóvenes inglesas exiliadas de Inglaterra. Pero pronto iban a cambiar de nuevo las cosas. El 2 de mayo de 1606, Dios le dio a entender que quería servirse de ella para algo que era mayor todavía.

Dios no la llamaba al retiro contemplativo del claustro, sino a levantar la bandera y a alistar en torno a ella un grupo de mujeres dispuesto a tomar parte activa en la defensa de la fe y propagación de la reforma católica. Vuelve a Londres para hacer allí todo el bien posible en un apostolado directo: con los pobres, con los ricos, con los enfermos, con todo aquel que la necesitaba… y vio que se le abrían nuevos horizontes de servicio a los demás, hasta entonces insospechados para la mujer. Iniciando de este modo una nueva vida religiosa apostólica.

En este ambiente heroico fue donde la vocación de Mary Ward llegó a una madurez definitiva. Vio la urgencia de fundar una congregación femenina con facilidad de movimiento, sin claustro, sin hábitos monásticos que se ocupase en las diversas tareas de defender y promocionar la fe, fijándose muy especialmente en la juventud.

Fundación del Instituto

Un grupo de mujeres se puso irrevocablemente en sus manos, para seguirla a dondequiera que fuese. Era el año 1609. Volvió a Saint Omer con cinco de ellas. Aquí llevaron una vida comunitaria y se dedicaron a la educación de la juventud, fundando su primer colegio al estilo del que muy cerca tenían los jesuitas. Éste fue el modesto comienzo del nuevo Instituto que iba a fundar.

En 1611 recibe una luz especial que encauza definitivamente la labor apostólica del incipiente Instituto. En una carta al Nuncio expresa su deseo de adoptar las mismas reglas que los jesuitas, tanto en cuanto al contenido como a la forma, exceptuando sólo lo que Dios ha prohibido por la diversidad de sexo.

Después de Saint Omer, la primera casa que fundó Mary Ward fue la de Londres de 1613. Era natural que Mary desease sentar definitivamente las bases del Instituto, por lo cual decide ir a Roma personalmente a gestionar el asunto ante la Santa Sede, es decir, la aprobación del Instituto. Era el año 1621.

Mary fue recibida por Gregorio XV quien afirmó “Dios ha mirado a tiempo a su Iglesia”, permitiéndole abrir un colegio en Roma. Posteriormente fundó en Nápoles y Perugia. Más tarde, Mary decidió encaminar sus pasos a la católica Baviera.

Fueron momentos de prosperidad que se vieron truncados el 13 de enero de 1631, ya que Urbano VIII signó y publicó la Bula “Pastoralis Romani Pontificis”, una de las más duras emanadas de la Santa Sede, en donde se hacía sentir la presencia de injustas acusaciones y se daba la orden de supresión del Instituto.

El 7 de febrero de ese mismo año Mary fue encarcelada en Munich por orden de la Inquisición, acusada de “hereje, cismática y rebelde a la Santa Iglesia”. Tras la supresión y el encarcelamiento de la fundadora, once casas se cerraron y 300 religiosas fueron dispensadas de sus votos, para volver a sus casas: había en el Instituto italianas, españolas, francesas, alemanas, flamencas, bohemias, húngaras, austriacas e irlandesas.

En abril sale Mary de la cárcel y marcha a Roma, donde Urbano VIII, impresionado por la personalidad de Mary Ward, permite la apertura de una pequeña casa en Roma. Pasados unos años muere en York Mary Ward. En su lápida sepulcral podemos leer las siguientes palabras: “Amar a los pobres, perseverar en ese amor, vivir, morir y resucitar con ellos, esta fue toda la meta y aspiración de Mary Ward, quien habiendo vivido 60 años y 8 días, murió el 30 de enero de 1645″.

Se fue de la vida con el aparente fracaso de quien ve destruida la obra de tantos años, pero con la paz y serenidad de quien, aceptando en todo la voluntad de Dios, sabe entregarse generosamente sin pedir nada a cambio.

Nadie pensaba en Roma que del grupo de las que permanecieron fieles pudiese surgir un Instituto con vida pujante hasta nuestros días.

Pasados unos años muere en York Mary Ward. En su lápida sepulcral podemos leer las siguientes palabras: “Amar a los pobres, perseverar en ese amor, vivir, morir y resucitar con ellos, esta fue toda la meta y aspiración de Mary Ward, quien habiendo vivido 60 años y 8 días, murió el 30 de enero de 1645″.

Se fue de la vida con el aparente fracaso de quien ve destruida la obra de tantos años, pero con la paz y serenidad de quien, aceptando en todo la voluntad de Dios, sabe entregarse generosamente sin pedir nada a cambio.

Nadie pensaba en Roma que del grupo de las que permanecieron fieles pudiese surgir un Instituto con vida pujante hasta nuestros días.

Mujer rebelde que rompió moldes en la Europa del XVII

Los guardianes de la ortodoxia gustosamente hubieran quemado a Mary Ward en una hoguera inquisitorial. Galileo, por aquellos años, desarticulaba el planetario moviendo la tierra en torno al sol. Un mismo papa, Urbano VIII, condenó a Galileo y condenó a Mary Ward.

Mary , crecida en una familia yorkina empapada de jesuitismo, quiso aprovechar inteligentemente la brecha abierta por Ignacio de Loyola que desparramaba sus jesuitas hasta cualquier área fuera de los muros monásticos tradicionales.

Esta fue la `primera mujer cristiana decidida a situar a las monjas fuera de los conventos de clausura donde los varones las tenían encerradas. El amor divino en ella ardía como el fuego que no se puede encerrar. Tremendamente activa y contemplativa crea equipos de jóvenes cultísimas y las pone al frente de escuelas y de misiones arriesgadas.

Defensora de la Iglesia Católica en Inglaterra, sufre la persecución anglicana por ayudar a los pobres, a los presos y a los acatólicos vacilantes en su fe. La misión que emprendió en Inglaterra, hoy día está extendida en los cinco continentes a través del Instituto que fundó.

LA JESUITA MARY WARD. José Maria Javierre.pp 628, LibrosLibres. 2003

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Antoni Pascual

Conocí a Antonio cuando ya éramos íntimos compañeros de la Compañía . A él la obediencia le llevó a Alemania, donde acabó de descubrir autores que quería. Yo pasé al mundo anglosajón con mi inglés para prepararme para una Escuela de Negocios recién fundada en Barcelona. La vida nos separó para hacernos descubrir cosas diferentes, nuestras biografías crecieron con aires distintos pero una experiencia carismática vivida por separado nos unió vislumbrando nuevos caminos que al mismo tiempo nos hicieron enemistar con aquellos mismos que habían promocionado nuestro crecimiento espiritual y cultural. Descubrimos la libertad del Espíritu por caminos diferentes pero siempre hubo en nosotros una gran afinidad. Nos habíamos liberado de las reglas pero continuábamos enamorados de Dios y queríamos seguir a Jesús. Descubrimos caminos en medio de lo prohibido pero con presencias muy intensas de lo divino en nuestras vidas..

Pasamos un día en Manresa, junto a la cueva de Ignacio; allí soñamos juntos un nuevo estilo de vida religiosa, un nuevo monaquismo vivido en profundidad y en libertad, un monaquismo que nos permitiese vivir con El y con nosotros, que nuestra fidelidad a El fuese la fidelidad a nosotros mismos. Allí en Manresa como fieles seguidores que habíamos sido de Ignacio, incomprendidos por los que nos hicieron volar, prometimos trabajar por un nuevo monaquismo cristiano inspirados en Rilke y en nuestra propia experiencia, un monaquismo para los que quieren unir intimidad con inmensidad, cuerpo y espíritu, iglesia y sociedad. Resonaba en nosotros el “magis” ignaciano para hacer siempre lo que más conduzca a nuestro crecimiento en El.

Mi vida había derivado hacia el Oeste donde pude profundizar el mundo de los proyectos. Después pude contemplar a Dios como el promotor de un gran proyecto del que quise ser uno de sus buenos ejecutivos. Antonio se acercó a los poetas y yo me acerqué a los estrategas que me hicieron pensar en el Dios del gran Proyecto y en sus inexplicables estrategias. Ahora vivo en medio del mundo en libertad disponible. En Legaut encuentro a faltar un poco el carisma vivo de Antonio pero en Leibniz encuentro el marco filosófico adecuado para entender mejor el plan de Dios en toda su globalidad. Ahora vivo en un monasterio virtual, hipervinculado en red, pensando en Rilke y Antonio y tantos otros que hoy desean vivir con intensidad su vida espiritual más allá de los límites de la Iglesia en la que fueron bautizados..

Antoni que fue jesuita hasta 1974 se casó más tarde y tuvo tres hijos. Licenciado en filosofía y teología. se adentró en el campo de la antipsiquiatría, teórica y práctica inspirada en Karl Barth. Posteriormente, se dedicó a viajar interior y exteriormente por los caminos de Goethe, Victor Hugo, Óscar Wilde, Machado, Rilke, Nietzsche… y a escribir acerca de tales viajes. Una de sus aficiones fue traducir: “Es la mejor forma de leer”, dice. Lo hizo con Rilke, Victor Hugo y Marcel Légaut, a quien considera maestro. Fue profesor de historia del arte, latín, griego, filosofía y teología. En sus últimos años profundizó en las obras de Rilke, Machado y Màrius Torres. Y desde el horizonte de los poetas y de la conciencia poética intentó reinterpretar los escritos del Nuevo Testamento hacia una nueva conciencia cristiana

Salvador Guasch

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