Ludwig Wittgenstein
María Zambrano
- (català)Pensadora, ensayista y poeta Nacida en Vélez, Málaga, en 1904 fue hija del pensador y pedagogo Blas José Zambrano, hizo sus primeros estudios en Segovia. En Madrid estudió Filosofía y Letras con Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. Vivió muy de cerca los acontecimientos políticos de aquellos años, de cuya vivencia fue fruto su primer libro «Horizonte del liberalismo» en 1930. Entabló amistad con importantes poetas y pensadores de la época como Luis Cernuda, Jorge Guillén, Emilio Prados y Miguel Hernández, entre otros. En cuanto a su religiosidad, María hizo su primera comunión con todo fervor y desde los primeros años de colegio los profesores de religión y algunos curas la tomaron por una especie de “santita”. El territorio de lo santo, entre Dios y los hombres, le atraía sobremanera. Ella quiso ser una especie de criada dedicada al servicio de los más necesitados. Un sacerdote asturiano vio en ella un ser tan puro y superior al resto de los colegiales, que decidió separarla en clase de los demás para evitar que se contagiara. Pronto empezó a enseñar a las niñas pequeñas el Catecismo de la doctrina cristiana del padre Ripalda, y después un cura nuevo le pidió que impartiera la Historia Sagrada. MZ comentaba que aquellas clases se las preparaba mejor que las de Metafísica de la Universidad. También había entrado en el coro de las Hijas de María y cuando ensayaban o cantaban en la iglesia sentía una gran felicidad. Su mayor devoción religiosa en aquellos años, según interpretaba ella en la vejez, no se dirigía tanto a Dios Padre o hacia el Crucificado, demasiado imponentes para su sensibilidad, como hacia la “siempre dulce Virgen María”. Su “única moral” que al cabo de los años reconocerá sobre todo en el Islam, era la Hospitalidad. A partir de la fe de su padre que creía con toda su alma en el Sermón de la Montaña, hizo suya la religión de las bienaventuranzas. Tenía compasión por las niñas poco afortunadas, desprovistas de inteligencia. Daba los zapatos a quien veía que no los tenía y el dinero que llevaba para el transporte, se volvía descalza su casa. En Segovia había una niña con la que nadie quería jugar, porque sabían que era “hebrea practicante”. Las habladurías habían hecho pensar a las niñas que era pecado tratar con ella. A María no le importaba lo que dijeran a pesar de que le habían advertido que esa amistad podría ocasionarle problemas incluso en ocasiones le había invitado a merendar en su casa. Finalizada la Guerra Civil, salió de España en enero de 1939, dejando atrás todo lo suyo, exiliándose inicialmente en Paris donde entabló amistad con Albert Camus y con René Char. Posteriormente vivió en México, La Habana y Roma, desarrollando una gran intensidad literaria y escribiendo algunas de sus obras más importantes: «Los sueños y el tiempo», «Persona y democracia», «El hombre y lo divino» y «Pensamiento y Poesía» entre otros. Después de 45 años de exilio regresó por fin a Madrid en 1984. En 1988 le fue reconocida su obra con el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes. Falleció en Madrid en 1991. Cfr. Maria Zambrano. Los años de formación. Juan Carlos Marset. Fundación José Manuel Lara.-
Simone Weil
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Nació el 3 de febrero de 1909 en París. En 1928 cursa estudios en la prestigiosa École Normale Supérieure, donde se gradúa en 1931. Fue una ardiente activista durante el periodo en que impartió clases en escuelas secundarias y desarrolló una importante actividad sindical. En el año 1936 se unió a los anarquistas españoles durante la Guerra Civil en España, trabajando como cocinera de campo.
Tuvo una experiencia mística en cierta ocasión en la que escuchaba canto gregoriano y deja su tradición religiosa por el cristianismo, aunque no se une a ninguna Iglesia organizada. En la II Guerra Mundial, su origen judío le impide dedicarse a la enseñanza en la Francia ocupada. Se traslada junto a sus padres a Estados Unidos, aunque pronto viaja a Inglaterra para colaborar con la Resistencia francesa.
Falleció el 24 de agosto de 1943 intentando subsistir con las mismas raciones que tenían sus compatriotas franceses bajo la ocupación alemana. Sus principales escritos fueron publicados póstumamente, muestran su oposición al progreso desarrollista y, como cristiana platónica, recalca la condición absoluta de Dios. Escribió los ensayos La gravedad y la gracia (1947), La conciencia sobrenatural (1950) y La raíz primera (1949).
Marcel Légaut
- Nacido en París el 27 de abril de 1900 y falleció en Noviembre de 1990, Catedrático de matemáticas por la Escuela Normal Superior, después de enseñar en diversas Facultades, en 1940, Marcel Légaut, bajo el impacto de la IIª Guerra Mundial y tras concienciar ciertas carencias fundamentales en su vida, abandona la Universidad para vivir, como pastor de alta montaña, en los pre-Alpes, en el Alto Diois.
Veinte años después, a la edad de sesenta años, emprende una reflexión, especie de testimonio, sobre la condición y la existencia humana y sobre la condición y la existencia del hombre de fe. .
Desde 1925 Légaut es el alma de un grupo considerable de profesores cristianos que están a gusto en la escuela pública y laica francesa pero que procuran cultivar por su cuenta, independientemente de toda relación jerárquica y eclesiástica, su cristianismo, cuidando extremadamente la honestidad y la integridad intelectual para evitar permanecer en una minoría de edad que es frecuente y que la jerarquía fomenta. El gran encuentro de su vida fue el de M. Portal y Teilhard de Chardin, entre otros.
Casado y padre de seis hijos, Légaut es autor de una veintena de libros, la mayor parte de ellos publicados a partir de 1970. Después de Trabajo de la fe (1962), escribe su obra capital, El Cumplimiento humano que, por su envergadura, se ha publicado en tres volúmenes: El hombre en busca de su humanidad (1971), Reflexión sobre el pasado y el porvenir del cristianismo (1970), y Creer en la iglesia del futuro (1970 y 1985). Otras obras posteriores suyas, traducidas también al castellano, son: Llegar a ser uno mismo (1980), Meditación de un cristiano del siglo XX (1983) y Plegarias de hombre (1984). Su último libro, de próxima edición en castellano, es: Vida espiritual y modernidad (1992).
Hannah Arendt
- (català)
Vida
Hannah Arendt nació en Hannover el 14 de octubre de 1906. Tras realizar estudios en tres universidades – entre las cuales, la Universidad de Marburg bajo la tutela de Martín Heidegger -, a los 22 años de edad se doctoró en Humanidades en la Universidad de Heidelberg con una tesis acerca del concepto de Amor en el pensamiento de San Agustín, bajo la tutela de Karl Jaspers. En 1933 marchó a Francia para escapar del régimen nacionalsocialista implantado aquel año en su país – donde coincidió y trabó amistad con el filósofo judío Walter Benjamin, también exiliado – y, en 1941, huyó a Estados Unidos, cuya nacionalidad adoptó en 1951. Trabajó en una editorial de Nueva York y ocupó altos cargos en varias organizaciones judías. Después de publicar ” Orígenes del totalitarismo (1951) “, impartió clases en las universidades de Berkeley, Princeton y Chicago. Entre otras muchas obras suyas figuran ” La condición humana (1958) “, ” Entre el pasado y el futuro (1961) “, ” Sobre la revolución (1963) ” y la polémica ” Eichmann en Jerusalén (1963) “, basada en su informe sobre los juicios a criminales de guerra nazis en 1961. Sus memorias, ” Correspondencia, 1926-1969 “, fueron publicadas en 1992.
Relevancia de Hannah Arendt
Hannah Arendt es considerada una eminente politóloga, célebre por sus estudios acerca del totalitarismo y el mundo judío. Sin embargo, una faceta menos conocida, pero tan importante como la anterior, son sus ideas acerca de la Filosofía de la Historia y el papel tradicional-teológico judaico como verdaderas fuentes de sentido de la ” Condición Humana “. A este respecto debemos remitirnos a las intuiciones, pocas veces analizadas explícitamente en sus escritos, que subyacen en la mayoría de sus textos mayores; A este respecto, son de especial interés: ” los intentos de repensar la especificidad de la política “, ” la apuesta por el pensamiento no-sistémico ” – en el sentido de la denuncia de los grandes sistemas de pensamiento clásicos y modernos -, ” los fenómenos de culpabilidad y responsabilidad ante la barbarie del nazismo “, ” la trivialidad del mal “, ” la figura del exiliado y el exilio “, ” la reivindicación de la memoria en una época de fugacidad de los tiempos “, ” cercanía a lo místico judío y al pensar poético”.
Obra
La vocación filosófica de Hannah Arendt se vio truncada por el ascenso del Nazismo en Alemania. Este hecho, marcará decisivamente la vida y obra de Hannah Arendt. En lo primero, por su forzosa emigración de Europa a los Estados Unidos. Arendt vive, por tanto, la condición de exiliada política y descubre con éllo los rigores del estado de Exilio. La ” figura del exiliado ” constituirá, en adelante, uno de esos motivos que alimentarán las intuiciones filosóficas de la autora. Respecto a la obra, el origen y ascenso de los totalitarismos – en su acepción comunista o fascista; identificación ésta que hará celebre a la pensadora – será eje central de buena parte de sus reflexiones, así como, posteriormente, centrará sus reflexiones el derivado ” problema judío ” y la constitución de Israel. Sin olvidar nunca – de ahí su preocupación por el tema de la ” memoria ” – el Holocausto acaecido por el genocidio nazi.
La ” Condición Humana ” según Hannah Arendt
La obra más popular de Hannah Arendt, con permiso de ” los orígenes del Totalitarismo “, y la que, sin duda, le ha reportado más notoriedad es: ” La Condición Humana “. Los planteamientos básicos de tal intento de análisis ontológico del ser humano han devenido clásicos a la hora de replantear la pregunta kantiana ” Qué es el hombre ” desde una fenomenología más abierta y no-sistémica. De hecho, la Condición Humana parte de una voluntad que se ha denominado ” Realismo respetuoso ” que, en contra de una idea sistémica y teórica de la Filosofía, pretende meramente describir la Realidad en sus experiencias primordiales. Esta voluntad, le hace asumir otra intuición fundamental: ” el pensamiento mismo nace de los acontecimientos de la experiencia viva y debe mantenerse vinculado a ellos como los únicos indicadores para poder orientarse “; a la práctica supone un rechazo de la ” Filosofía Política ” – así como de las Ciencias Sociales – como tal y una auto-denominación como teórica de la Política. Más adelante veremos que estos posicionamientos responden a una particular concepción de la Filosofía de la Historia.
Centrándonos más específicamente en la ” Condición Humana “, debemos resaltar su ” arquitectura teórica ” básica. En primer lugar, Arendt establece tres dimensiones básicas de la Condición Humana: labor, trabajo y acción. Tales dimensiones son propias de todo individuo en toda sociedad, por detención u omisión. Arendt describe las dimensiones propias de la Condición Humana en tanto que Antropología Filosófica, es decir, los fundamentos filosóficos básicos que hacen caracterizar nuestra especie como plenamente humana.
Arendt define la labor como la dimensión ligada a la necesidad, al ciclo de repetición de la naturaleza, esto es, la labor produce todo lo necesario para mantener vivo al organismo humano y a la especie. Se caracteriza por no dejar nada tras de sí: sus productos están destinados a ser consumidos y desparecen casi tan rápidamente como se han producido. De este modo, laborar y consumir no son más que dos etapas del siempre repetitivo ciclo de la vida biológica. Pertenece asimismo a la labor su no visibilidad y su carácter apolítico. Tal dimensión caracteriza una actividad propia; en este caso, la del uniforme y cíclico” animal laborans “.
Otra dimensión de la condición humana: el trabajo, a diferencia de la labor, es productivo: sus resultados están destinados no tanto a ser consumidos como a ser usados – tienen un cierto carácter duradero -. Frente a la característica repetición del laborar, el trabajo como fabricación produce la pura variedad inagotable de cosas, por tanto con una existencia relativamente estable, que constituyen el mundo en que vivimos, el artificio humano. Esta misma estabilidad, durabilidad de los productos del trabajo es lo que posibilita la objetividad. Sólo por haber erigido un mundo relativamente independiente de objetos a partir de la naturaleza y por haber construido este ambiente artificial, podemos considerar la naturaleza como algo objetivo. Tal dimensión caracteriza una actividad propia; en particular: la del ” homo faber “. El ” homo faber ” consigue esta durabilidad y objetividad antedicha al precio de ejercer una cierta violencia para con la naturaleza, creyéndose así su dominador con potestad de crear y destruir, no sólo la propia naturaleza, sino también su mismo artificio.
Finalmente, la tercera y última dimensión de la Condición Humana: la acción hace referencia a la libertad. Así, frente a la circularidad de la labor y la proyectabilidad del trabajo, la acción se distingue por su constitutiva libertad, por su carácter invariablemente impredecible. Las acciones en el mundo, a pesar de tener un comienzo determinado, nunca tienen un fin predecible y menos aún unas consecuencias cerradas. Es imprescindible la acción para hacer del mundo artificial fabricado un verdadero hogar – Heimat según los planteamientos que hereda Arendt de Heidegger -, cuya estabilidad perdure y sobreviva al siempre cambiante movimiento de las vidas humanas, en tanto trascienda la simple funcionalidad de los bienes de consumo y la utilidad de los objetos de uso. Es gracias a la acción y a la palabra que el mundo se revela como un espacio en el que es posible la vida en sus sentido no biológico. La acción no tiene sentido en la soledad de uno mismo, al contrario, su verdadera naturaleza le obliga a ser interpersonal e inédito en un mundo ya preestablecido de otras relaciones humanas, algunas de las cuales no son propiamente políticas; Estamos en la dimensión humana de la ” Política “. Aprovechamos este punto, para hacer un breve, aunque trascendental, inciso: Arendt concibe la política cómo la negación explícita de la Violencia. Así, la relaciones anti-políticas que constituyen la opresión y la violencia son una negación explicita de la política y en tanto tales, no pueden ser jamás objeto de la acción.
Filosofía de la Historia: las raíces judías de Hannah Arendt.
Para entender adecuadamente la dimensión de la acción dentro de la ” Condición Humana ” es imprescindible atender a las raíces judías de Hannah Arendt. En este sentido, una lectura paralela interesante y productiva es contraponer desde la lejanía conceptual, aunque cercanía tradicional y biográfica las intuiciones teológicas de Benjamin y Arendt; puesto que, es factible divisar un mismo horizonte de sentido filosófico, de cuño propiamente judío, que les une a ambos. Atendiendo a la dimensión de la acción, es importante destacar la vinculación de ésta con la categoría de Natalidad. De hecho, la acción y la natalidad tienen en común el sentido fundamental del Inicio. La acción y la Natalidad son la esperanza de un inicio inesperado en el Mundo. Toda persona que viene al mundo, abre con el un inicio único e irrepetible – por ende impredecible. La acción como la natalidad supone un inicio de algo cualitativamente nuevo en el mundo, la novedad de unas relaciones cuya fuerza abren un destino libre e insospechado. Hay una esperanza mesiánica – no tematizada en cuanto tal – en este inicio al igual que lo había en la Filosofía de la Historia de Benjamin. La acción es la novedad que funda historia, en cuanto un nuevo comienzo de alcance indeterminable y abierto. La libertad en el mundo y el hecho que exista tal posibilidad la debemos a las relaciones interpersonales que anteceden al nacimiento en el mundo; es decir, el mundo se hace común a los hombres distintos a partir de la posibilidad de la comunicación encarnada por el Habla. El Habla es el lugar común que permite entender ese escenario que nos separa a la vez que nos une que es el mundo. La política se funda en la acción y la palabra, puesto que la pluralidad monadológica a la que se ve necesariamente relegado el hombre sólo puede trascenderse en la acción consensuada – su poder efectivo político, como tal rigurosamente pacífico – mediante el diálogo comprensivo y humanizador. Se instaura así, en un mundo fabricado de artificios, lo humano cómo intrínseca libertad y, por consiguiente, la Historia.
Introducción a cargo de Diego López Sabaté
Walter Benjamin
- (català)
Vida
Walter Benjamin nace el 15 de Julio de 1892, en Berlín. Veinte años después, inicia estudios de Filosofía en su ciudad natal y en Friburgo. Luego se traslada a la Universidad de Berna, Suiza, donde en 1918 obtiene la licenciatura en Filosofía con su tesis ” El concepto de la crítica de arte en el Romanticismo alemán “. Cinco años más tarde, traduce las Tableaux parisiens, de Charles Baudelaire y, tras publicar su conocido trabajo sobre ” las afinidades electivas ” de Goethe, fracasa en su intento de ingresar en la Universidad de Frankfurt mediante su tesis ” Sobre los orígenes del drama barroco alemán “. En 1927 comienza a traducir a Marcel Proust; en 1930, publica artículos de crítica literaria sobre Brecht, Gide, Kafka, Valery y Karl Krauss. Frente a la subida de los nazis al poder, en 1933, Benjamin, que ya no cuenta con ningún tipo de apoyo económico, se exilia en Paris primero, en Dinamarca después en casa de su amigo Bertoldt Brecht y posteriormente en Italia. Allí es visitado por su discípulo Adorno, cuyas relaciones no pasan por un buen momento; no obstante, es invitado a establecerse en los Estados Unidos. En junio de 1940, ante el avance de los nazis, abandona París, y en septiembre, habiendo ya obtenido un visado para trasladarse a Estados Unidos, intenta cruzar la frontera a pie por los Pirineos. Ante la imposibilidad de lograrlo, se suicida en Portbou en la noche del 26 de Septiembre.
Relevancia.
Walter Benjamin, a tenor de su biografía antedicha, podría pasar como un crítico cultural, ensayista y traductor. Sin embargo, su labor a todas luces más destacable la debemos rastrear en Filosofía, y más concretamente, en sus aportaciones filosóficas, fragmentarias y esbozadas, entorno a multitud de temas tan diversos como: Estética, Política e Historia. De hecho, nos hallamos ante unos materiales notables dentro de la Filosofía del arte: ” La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica “, ” Pequeña historia de la Fotografía “; dentro de la Filosofía política: ” La obra de los pasajes “, ” Las tesis sobre el concepto de Historia ” y el ” fragmento teológico-político ” y, finalmente, sobre Filosofía de la historia: ” Tesis sobre el concepto de Historia ” y el ” Fragmento teológico – político “.
Obra
El carácter fragmentario y ensayístico de la obra de Benjamin dificulta su integración en un supuesto corpus benjaminiano cerrado y bien constituido; en contrapartida, su obra goza de una especial prolijidad en sugerencia y apertura interpretativa. Destacan los textos antedichos, así como otros ensayos y proyectos inconclusos de mayor envergadura. Entre estos, cabe recurrir como fuente fundamental a la ” Obra de los pasajes “; aunque muchas de sus reflexiones más importantes e imperecederas se encuentran esparcidas en artículos y textos breves. Tal disposición, como hemos dicho, permite una apertura hermenéutica multidisciplinar trascendiendo los ámbitos particulares de sentido, siendo así posible y deseable la traslación de múltiples intuiciones de un ámbito a otro. Esta posibilidad, intrínseca de la obra de Benjamin, la convierte en fértil para una reflexión compleja; aún siendo significativamente hermética por su propia naturaleza.
Filosofía de la Historia
Quizás uno de los ámbitos en que Benjamin demostró una mayor originalidad y brillantez fue la Filosofía de la Historia. Para estudiar su particular concepción de la Filosofía de la Historia es importante destacar un elemento y recordar otro.
El primero consiste en apercibirse que dentro de lo que hemos llamado nominalmente ” Filosofía de la Historia “, aparecen dos textos de innegable impronta teológica: ” Las tesis sobre el concepto de historia ” y el ” fragmento teológico-político ” que además hemos circunscrito al ámbito de la Filosofía política. Tal hecho no es casual, y su importancia es decisiva a la hora de entender a Benjamin. En otras palabras, Benjamin comprende simultáneamente la misión política y la misión religiosa. Igualmente, la mención de la tarea de Benjamin bajo el concepto de ” misión ” tampoco es casual; hace referencia a su origen judío; pueblo que entiende su lugar en el mundo como misión explicita de Dios. Así, Benjamin tiene como misión aclarar no sólo la dimensión política y la dimensión religiosa, por separado, sino su particular ligazón en tanto destino de la humanidad; puesto que en élla reside la esperanza mesiánica.
El segundo es recordar en que momento histórico le tocó, desgraciadamente, vivir a Benjamin. Hablamos del ascenso del fascismo y de su consiguiente persecución en tanto que judío. Este hecho es importante a la hora de entender parte de la incógnita que supone la afiliación marxista de Benjamin. Benjamin fue marxista entre otras razones más profundas, por contexto político y por convicciones socialistas. Este punto lo desarrollaremos más en el próximo apartado.
Ahora nos ocupa centrar el diálogo en la Filosofía de la Historia de Benjamin; tal concepción está regida por una idea central: ” Detención de la historia como historia de la Barbarie “. Advertimos que la complejidad de interpretación del significado de las tesis benjaminianos nos obliga a presentar la siguiente interpretación, como bosquejo introductorio. La historia para Benjamin es el transcurrir ininterrumpido de una catástrofe tras otra. El progreso no ha hecho, según este autor, sino ahondar en un proceso de nihilización creciente. La tarea de la Humanidad ante semejante perspectiva es procurar detener la historia para permitir el ” frágil relámpago ” de la fuerza mesiánica. Es un orden que no nos está concedido directamente, lo histórico no tiene una dimensión escatológica por sí misma; tan sólo propiciatoria. El permitir ese relámpago es abrir la esperanza para que los justos puedan cobrar justicia, así, ni los muertos estarán definitivamente enterrados. Si no es posible tal detención, sólo ahondando paradójicamente en lo profano que se aleja de lo sagrado habrá posibilidad de la llegada mesiánica misma, pese que esto suponga la consumación absoluta de la nihilización.
Entre Marxismo y Teología.
Lo anterior nos ha dado pistas suficientes para aportar una solución a la paradójica adscripción del Benjamin maduro al Marxismo. Benjamin en su juventud cultivó ideas metafísicas que se atestiguan en el temprano ” Fragmento teológico – político “, su madurez viene marcada políticamente por el auge intelectual del socialismo y así hace eco sus planteamientos maduros en la ” Obra de los pasajes ” de una reflexión heterodoxa marxista. Heterodoxa por sus orígenes metafísicos y por sus convicciones religiosas. Así, nada debe extrañar que en su obra postrera ” Las Tesis sobre el concepto de Historia ” haga gala de un insospechado hermetismo místico y teológico ínsito en reflexiones de abolengo marxista. Puesto que, Benjamin cree en la necesidad vital de militar políticamente en una supuesta opción que permita una posibilidad de alternativa en tiempos de una socialdemocracia que camina amenazante hacia al fascismo. Pero está necesidad vital no tiene génesis propiamente política, sino religiosa y filosófica. En este sentido, Marxismo y Teología se encuentra en un cruce inaudito: la necesidad de la venida inminente del Mesías como destino esencial de la Historia.
Fragmento de Walter Benjamin
Un Fragmento especialmente relevante e ilustrativo de la obra de Benjamin, y de nuestra particular interpretación de la misma, es la Tesis IX de las ” Tesis sobre el Concepto de Historia “. En élla aparece, una figura de carácter religioso que se ha hecho célebre y paradigmática del pensamiento benjaminiano
” El Ángel de la Historia “, cuya interpretación y esclarecimiento continúa ocupando a los filósofos desde entonces.
” Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus novus. En él está representado un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que mira atónitamente. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, abierta su boca, las alas tendidas. El ángel de la historia ha de tener ese aspecto. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. En lo que a nosotros nos aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. Bien quisiera demorarse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado. Pero una tempestad sopla desde el Paraíso, que se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al que vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Esta tempestad es lo que llamamos progreso “.
Walter Benjamin ” Tesis sobre el concepto de Historia “.
Introducción presentada por Diego López Sabaté
Leon Tolstoi
- (català)Aristócrata de origen, autor de grandes novelas como Guerra y Paz o Ana Caterina, pero también soldado, campesino, pedagogo, utópico social y pensador religioso, León Tolstoi (1828-1910) es exponente de la desmesura del carácter ruso. Hombre de extremos, conoció muchos de los estados y pasiones del ser humano. Destinado al frente del Cáucaso en su primera juventud, se confrontó tempranamente con las atrocidades de la guerra. Tras años de búsqueda, se retiró a sus propiedades rurales (Jasnaja Pol´ana) donde se dedicó a alfabetizar a los hijos de los campesinos. Fue radicalizando progresivamente su postura, propugnando el igualitarismo de clases, trabajando manualmente y descubriendo la sacralidad de la naturaleza, lo cual le llevó a hacerse vegetariano. Vertió estos ideales en El Reino de Dios está en ti, ensayo que Gandhi leyó en Sudáfrica, inspirando y confirmando su movimiento de no-violencia. Tuvieron en aquel tiempo intercambio de correspondencia. Las inquietudes sociales y religiosas de Tolstoi siguieron radicalizándose, hasta llegar a una síntesis entre cristianismo y anarquismo pacifista. Su novela Resurrección (1899), un autorretrato de sí mismo, le valió la excomunión de la Iglesia Rusa. Lleno de contradicciones, obsesionado por la muerte, al final de su vida siguió buscando una paz difícil que se le escapaba continuamente. Presentamos aquí notas de su diario de juventud y un fragmento de su última novela.
A los treinta y tres años, acampado en las montañas del Cáucaso, entre rocas escarpadas, senderos vertiginosos y cascadas rugientes, una noche en la que no podía dormir, de pronto todas las oraciones de la infancia le subieron a los labios:
“Yo no rezaba si es que uno da a la palabra “rezar” el sentido de imploración o de impulso de gratitud. Aspiraba a algo superior y perfecto. Pero, ¿a qué? No sabría decirlo. Y sin embargo, comprendía con toda claridad lo que deseaba. Quería fundirme con el Ser Supremo. Le suplicaba que me perdonara las faltas. Pero no, no se lo suplicaba, porque sentía que si Él me permitía conocer este momento de éxtasis, significaba que ya me había perdonado. Todo temor me abandonó. La fe, la esperanza, el amor formaban en mí un sentimiento insoluble” (Diario, 11 de junio 1851).
“Es una noche maravillosa. ¿Qué es lo que deseo con tanto ardor? Lo ignoro. Por supuesto, no son los bienes terrenales. ¿Cómo no creer en la inmortalidad del alma cuando siento en la mía una grandeza tan inconmensurable? Está oscuro, agujeros, claridad. ¡Es para morirse! ¡Dios! ¡Dios mío! ¡Que soy! ¿Adónde voy? ¿Dónde estoy?” (25 de junio 1857).
“Rogué a Dios en la habitación, delante del icono griego de la Virgen. La lamparilla estaba encendida. Estrellas pálidas, otras brillantes, un revoltijo de estrellas. Destellos, tinieblas, siluetas de árboles muertos. ¡Él está allí! ¡De rodillas ante Él y silencio!” (20 de abril de 1858).
“Simonson era vegetariano, y ni siquiera en su vestimenta permitía que entrara pieza alguna confeccionada con cuero de animal. Se hallaba de pie, apuntando en su libro de memorias una reflexión que se le había ocurrido de pronto: “Si un microbio pudiera observar una uña humana, seguramente sacaría la conclusión de que esta uña forma parte integrante de un conjunto inorgánico. Así razonamos nosotros cuando, estudiando la corteza exterior del planeta, sostenemos que la Tierra es un ser inorgánico” (Resurrección, IIªparte, cap.41)
Sergei Bulgakov
- (català)
“Sergei Bulgakov se siente teólogo, pensador y seguidor de una Iglesia oriental a la que quisiera sacar de las estrecheces de sus circunstancias provincianas y de las tentaciones imperialistas del zarismo y llevarla a la claridad de un Dios cósmico y una asamblea humana” (Fierdrich Heer).
Hijo de un pope en época zarista, dejó el seminario y se declaró ateo. Pero la Revolución Rusa le devolvería al cristianismo en una época de mártires. En él se unen filosofía y espiritualidad.
Sergei Nikolai Bulgakov nace en 1871 en Rusia, país dominado por el poder de los zares. Su familia le educó en la más estricta observancia de la religión ortodoxa, de hecho él era hijo de un pope.
Sergei, negándose a seguir las huellas de su padre, abandonará el Seminario al que ingresó, junto con muchos otros hijos de popes. Se declarará ateo. Se inclinará por el marxismo y las ciencias jurídicas, estudiando Derecho en la Facultad de Moscú. Se preparó intensamente para acceder a la cátedra de Economía política de dicha Facultad.
Al igual que Berdiaev (1874-1948), se ve arrastrado por la moda espiritual que se cernía sobre las capitales rusas. Tanto en San Petersburgo como en Moscú cientos de jóvenes e intelectuales impregnaban la vida artística, social y política de valores religiosos. Pasará del marxismo al idealismo filosófico y de éste al cristianismo. La Revolución rusa de 1917 hizo que nuestro pensador ruso tuviese un reencuentro acelerado con el cristianismo.
De jurista a teólogo
Su lucha en favor de los valores cristianos hace que en 1917 pase a ser miembro del Concilio religioso panruso, para la renovación de la Iglesia ortodoxa sobre la base de una comunidad independiente del Estado. Recibirá las órdenes como monje ortodoxo el lunes de Pentecostés de 1918 en Moscú e ingresará en el Sínodo Supremo panruso. Era normal verlo vistiendo su hábito talar en medio de los debates de la Academia de Ciencias de Moscú, en la Rusia leninista.
Tras la muerte de Lenin y con la subida al poder de Stalin se produce el éxodo masivo de artistas, poetas, filósofos y teólogos de la Unión Soviética. El es uno de ellos. Será expulsado en 1923 de su tierra natal. Permanece un año en Constantinopla y después vivirá en Praga, Dresden y Berlín.
En 1925 le llaman a París con el objetivo de dirigir el recién fundado Instituto Teológico. Ocupará el cargo de decano e impartirá de nuevo la docencia universitaria, pero esta vez en Teología Dogmática. A lo largo de su vida cabe subrayar su dedicación a formar teólogos, la evangelización de Europa y el esfuerzo denodado por practicar el ecumenismo mediante frecuentes reuniones con altos dignatarios de las Iglesias cristianas. Finalmente fallece en julio de 1944 en la ciudad del Sena.
Escritor influyente en Inglaterra y América sus obras principales, traducidas al alemán, nos sumergen en el apasionante mundo de la filosofía y la teología como bases para alcanzar la sabiduría divina.
Su espiritualidad
En sus escritos encontramos dos palabras que resumen su pensamiento espiritual: sophia y sobornost. Igualmente, cabe destacar la idea del Cristo cósmico, como pilar de su teología.
La sophia (“sabiduría”, en griego) es definida como energía originaria, el movimiento de todo movimiento. Es la energía que va transformando el cosmos. Él mismo nos dice: “la sophia es un templo absoluto y universal, pertenece a la Iglesia universal y a toda la humanidad, al universo futuro de la Iglesia” Nuestro pensador ruso identifica esta sophia con la Iglesia del futuro, una Iglesia liberada de todo lo terreno y de lo mundano, en alabanza continua al Creador.
Encontramos en él una espiritualidad profunda, conocedora de lo incomprensible, para llevar al hombre una esperanza de eternidad. Lo mismo ocurre con el sobornost ( significa “reunir”, “gran convivencia”). Es la unión universal de todas las cosas en el Ser, en Cristo Jesús. Es una unión libre, solidaria, que se opone tanto al individualismo como al autoritarismo. Para el, en la convivencia entre todos los hombres está la fuerza de la religión, de cada espiritualidad, y es el testimonio vivo del amor de lo Divino a lo humano.
Cristología
En su teología la presencia de Cristo es relevante. La revelación es el tema que centra toda su espiritualidad ortodoxa. Pero no nos hallamos ante una revelación cualquiera, de un Dios que venga sólo a colmar nuestras ansias de trascendencia.
El va mucho más allá, la revelación es la manifestación del Cristo cósmico, un proceso continuo, inigualable, excelso. De ahí viene la vitalidad de todo cristiano, de cada vida interior. Esta revelación continua inspira cada una de las obras buenas del cristiano y las santifica en la Verdad.
Para él es Cristo quien sale al encuentro del hombre. La historia humana es como un apocalipsis, es la revelación divina en la realidad de las cosas. De ahí que la historia nos invite a la comprensión profética, respondiendo a nuestra vocatio con profundidad y coherencia.
Alabanza como prueba de amor
Su pensamiento sinfónico nace del corazón de un hombre enamorado de la creación. Una creación que le lleva, a su vez, a enamorarse locamente de lo divino
Para él la frontera de la vida y la muerte han desaparecido, donde cada día renacemos a la gracia, a la vida eterna en el mundo. Y es la vocación cristiana la que nos lleva contemplar la Iglesia como ese lugar de encuentro entre lo humano y lo divino, en la alabanza continua del Creador, mediante detalles de amor, con salmos y ofrendas, con oración contemplativa y sacrificios para el Amor
Esta vida de unión con el Creador es una vida donde se pierde el miedo al mundo y al fracaso, donde la vida misma se convierte en fuente de alegría interminable, gaudium aeternum.
Juan Manuel Gutiérrez