Marta Robin
Activamente inactiva
« Cuando se contempla lo que está naciendo en la Iglesia de Francia y que se ahonda un poco, a menudo uno encuentra a Marta Robin : ¡ qué mujer ! (Cardenal Decourtray) Esta pequeña campesina guardando cama durante 53 años recibió en su propia casa a más de 100.000 personas y cambió la vida de muchas personas escuchándolas, aconsejándolas, alentándolas. Marta hizo posibles múltiples reconciliaciones, suscitó decenas de vocaciones sacerdotales o consagradas. Más de 40 obispos y cardinales vinieron a verla y también muchas personalidades con responsabilidades dentro de la Iglesia. Ayudó de una manera u otra a más de 20 comunidades nuevas. Junto con el Padre Finet, Marta está al origen de la fundación de los Foyers de Charité. Estos son actualmente 73 y se hallan dispersos en 40 países.
A la edad de 16 años Marta Robin se ve alcanzada por la enfermedad.
Entre 1918 y 1928 Marta Robin lucha contra una enfermedad que provoca dolores intolerables, que se instala progresivamente y que será diagnosticada en 1942 como « encefalitis epidémica ». Marta Robin conoce, sucesivamente, durante diez años, esperanza de curación y desaliento, según que la enfermedad progrese o retroceda : « los ánimos están a veces muy bajos » escribe a una amiga. « ¿ Qué decirle de mí misma ? vida siempre igual, gris y monótona, trayendo más bien tristezas que alegrías ». A los 26 años, Marta Robin, a la edad en que se hacen proyectos, o se toman decisiones que orientan una vida, constata con tristeza que no es así para ella : « todo el mundo puede y debe cumplir su vocación pero yo no. He forcejeado con Dios » ¿ Qué sentido dar a su propia vida, qué futuro ? Marta conoce la angustia, quizá incluso la rebelión ?
Diciembre de 1928. Una luz en la noche.
Gratuitamente, un día de diciembre de 1928, Marta Robin vive en el momento de recibir los Sacramentos un encuentro decisivo y definitivo con el Corazón de Jesús en Cruz. Una vida nueva va invadir su cuerpo y su corazón. Todo se ilumina, todo cobra (adquiere) sentido : esta enfermedad que habría podido conducirla a una lenta y segura destrucción de su persona a diferentes niveles se convierte, por paradójico que parezca, en « oportunidad » para otra vida que va a construirse diferentemente. « Después de años de angustias, después de dificultades físicas y morales, me atreví, escogí a Cristo Jesús ». Marta recibe del Corazón de Cristo en Cruz el sentido de su vida de enferma : unida a la de Cristo, su vida puede convertirse en fecunda para la Iglesia y para el mundo. Marta Robin hace en aquel momento la elección de una vida conforme a la de Jesús Amor Crucificado : « El Corazón de Jesús en Cruz es la morada inviolable que he escogido en esta tierra » Su párroco, el Padre Faure, es testigo de este acontecimiento y la acompaña en este nuevo camino. Su vida espiritual y su vida mística se desarrollan ahora en su vida misma de enferma que se convierte en medio de unión y de comunión, lugar de ofrenda y de abandono. Es el comienzo de las Gracias de unión. Vive en la Presencia de la Santísima Virgen, Su Gran Educadora, Su Querida Mamá. Marta vive ahora la palabra de Jesús : « Mi carne es verdaderamente una comida y mi sangre es verdaderamente una bebida »(Juan 6,55). El deseo de apostolado, exigencia del amor, se apodera de ella : « Estoy verdaderamente ávida, tengo realmente hambre de trabajar para el Amor y la Gloria de Dios. Un sacerdote que vino a rezar en su habitación quedó impresionado por su apertura universal : « la ventana de su pequeña habitación estaba abierta al mundo entero ».
Unos años más tarde nace el Foyer de Charité. Marta Robin vela sobre la Obra nueva de laicos y de sacerdotes fundada con el Padre Finet, Obra que ella llevaba en su corazón y su oración desde 1933.
Laicos y sacerdotes, en el Foyer de Charité, están llamados a vivir juntos la Palabra de Dios anunciada a todos aquellos que buscan a Dios, a todos aquellos que tienen hambre y sed de Su misericordia, a todos aquellos que persiguen una Esperanza.
Un Dios Padre. Marta Robin reaccionó con mucha fuerza contra la imagen de un Dios juez. Para ella, Dios era un Padre amante y solícito, próximo y lleno de atención. Marta insistió mucho sobre este punto, porque lo vivió en cada instante de su vida. La vida con Dios fue verdaderamente en su caso « una vida de familia ». Su ejemplo hay que tomarlo tanto más en cuenta cuanto que, a causa de su enfermedad, Marta habría podido adoptar una actitud de rebelión y de protesta contra Dios. Pero justamente fue más adelante en su relación con Dios al descubrir su Paternidad.
Jesús, Pan de vida. « Dios ha revelado a ciertas personas la verdad y la realidad humana de la Eucaristía. Se trata de los místicos de la Eucaristía »(Padre Jesús Castellano, Congreso sobre el secreto de los Místicos).
Marta Robin, durante más de 50 años, vivió de este don. Marta dice la fuerza de la Eucaristía en ella : « Tengo ganas de gritar a quienes me preguntan si como, que yo como más que ellos, porque me alimento por la Eucaristía con la sangre y con la carne de Jesús. Tengo ganas de decirles que son ellos quienes detienen en sí los efectos de este alimento, quienes frenan sus efectos ».
Una relación íntima con María. Marta Robin tenía algo que decir sobre este punto, siempre en la misma línea del espíritu de familia que predidía a su relación a Dios como Padre. La Virgen María no es un ser abstracto y lejano, sino una madre atenta a sus hijos y obrando con poder en medio de los humanos. En su relación a María y en el abandono entre sus manos Marta Robin sacó la fuerza y la paciencia que necesitaba.
Los hombres solidarios entre ellos gracias a Dios. ¿ De qué manera una enferma puede incorporarse en la vida social, sentirse solidaria de los demás, sobre todo si está en cama y si sus miembros rehúsan todo trabajo ? Marta Robin crea con ellos una nueva relación, una bella relación, que se establece por intermedio de Cristo. La vida de familia con Dios se desdobla misteriosamente místicamente en una vida de familia con los hombres. Es uno de los puntos más fuertes y más nuevos del testimonio de Marta Robin.
Marta Robin trabajó desde su lugar para la renovación de toda la Iglesia
favoreciendo la misión de los laicos, de laicos confirmados, concientes de la importancia de su bautismo. Es para esto que los Foyers de Charité .fueron fundados
teniendo una nueva visión de la vida de los sacerdotes, más fraterna, más familiar, más cercana a los laicos y colaborando más con ellos.
manifestando su confianza en la Iglesia. Marta estuvo al corriente de las dificultades que podía atravesar la Iglesia católica y el Cristianismo en general. Pero ella no faltó nunca de confianza en el futuro. Sufrió por la Iglesia y en la Iglesia, pero ello no mermó su confianza ; su testimonio es muy elocuente. Los sucesivos Obispos de Valence la apoyaron siempre y ella amó mucho a su Parroquia.
LOS FRUTOS DE LA OFRENDA SILENCIOSA DE MARTA ROBIN
Han sido evocados en miles y miles de testimonios.
Cada vez son más numerosos los visitantes que vienen para recogerse en su casa y confiar a su oración sus intenciones.
Después de los 52 Foyers de Charité fundados entre 1936 y 1981, 25 Foyers de Charité han sido fundados entre 1981 y 2001 a petición de los Obispos de diferentes países :
11 en África
6 en Asia
2 en el Canadá
2 en América latina
4 en Europa
otros cinco están en fundación este año 2002.
Somos testigos de la fecundidad de la vida de Marta Robin, de la vida de esta cristiana que, fiel a su Bautismo, hizo la elección del ofrecimiento en una vida cotidiana muy dolorosa, revivivendo el misterio de la muerte y de la Resurrección de Cristo.
Antes de pronunciarse sobre la oportunidad de su Beatificación, la Congregación para la Causa de los Santos examina su práctica de las virtudes cristianas, su biografía y el resumen de la Encuesta.
Hermano Roger
El Hermano Roger, fundador de la comunidad ecuménica de Taizé (Saône-et-Loire), ha sido asesinado, apuñalado, el martes 16 de agosto, durante la oración de la tarde. Tenía 90 años.
Vestido con el alba blanca de los oficios litúrgicos o con su eterno chandal, lo que cautivaba antes que nada, era su rostro surcado por las arrugas de una sonrisa permanente. No se podía rehuir la mirada de sus ojos azules, profunda, dulce como las colinas de alrededor. La mirada de un hombre obstinado y humilde, a la vez, místico y realista. ¿Hubo nunca una relación tan estrecha entre un hombre, un lugar, un proyecto?
Fue el 20 de agosto de 1940 cuando Roger Schutz, joven pastor protestante de Suiza, llega por primera vez a la Borgoña, a Taizé, como un solitario buscador de Dios y de un lugar donde, con algunos “hermanos”, fundar una comunidad de la que quería hacer signo de unidad entre los cristianos divididos.
Aunque nacido en Suiza, el 12 de mayo de 1915, en Provence, cerca de Neuchâtel, hijo del pastor Charles Schutz, una parte de las raíces del Hermano Roger se encuentra en esta tierra de Borgoña, origen de su madre, Amelia Marsauche, también de familia protestante. Es el último de siete hijos e hijas. En la casa, la abuela materna le hace gustar la serenidad de los grandes espacios y del silencio interior. También se lee en voz alta a Blaise Pascal y Angélica Arnauld, superiora de Port-Royal. Roger devora los Pensamientos de Pascal, descubriendo la desgracia de vivir alejado de Dios y la dicha de encontrarlo.
El adolescente es educado según las reglas de un protestantismo riguroso, pero respetando a los “papistas”. Frecuenta, a ves a escondidas, los templos parroquiales donde le agrada orar y reflexionar. Le fascina la liturgia romana y, a los 13 años, para poder realizar sus estudios en la ciudad, sus padres le autorizan a hospedarse en casa de una mujer católica, madame Biolley. Los intercambios con ella despertarán muy pronto su vocación ecuménica. Pero, para el joven Roger, la estancia en el colegio es también el tiempo de sus interrogantes espirituales. El adolescente corre el riesgo de perder la fe. Y también la vida, alcanzado por una tuberculosis pulmonar. Más tarde contaría a los jóvenes de Taizé que su itinerario no tiene nada de excepcional, que también él ha vivido todos sus tormentos.
Roger Schutz sueña en convertirse labrador. O poeta. Pero su padre, pastor, le orienta hacia los estudios de teología que le llevarán a la universidad de Lausanne. Desde entonces su carisma se ejerce entre los jóvenes y, con gran sorpresa, es elegido presidente de la asociación de estudiantes cristianos. Al mismo tiempo prepara su tesis sobre “el ideal de la vida monástica hasta san Benito y su conformidad con el Evangelio”. Ecumenismo, juventud, vida y plegarias reguladas: ahí están las grandes inspiraciones. La aventura de Taizé queda ya diseñada.
Cuando a los 25 años llega en 1940 al poblado borgoñés, su casa, cerca de la frontera, se convierte pronto en un refugio. Allí se acoge sin distinción a judíos, refugiados políticos y miembros de la resistencia (a los alemanes invasores). El Hermano Roger recordará duramnte mucho tiempo la sopa de ortigas, el revoltillo de caracoles, los inviernos fríos y solitarios de los primeros años de guerra y miseria en Taizé. Pero el 11 de noviembre de 1942, a consecuencia de una denuncia, su casa es registrada a fondo por la Gestapo. Es la primera experiencia cruel de su vida. Roger Schutz se ve obligado a abandonar Taizé, cruzar la frontera y madurar su proyecto comunitario en el alejamiento forzado de Ginebra.
Es allí donde se le unen los primeros compañeros de ruta, suizos como él: Max, un teólogo, Pierre, agrónomo, Daniel. Y donde escribe los primeros elementos de la futura Regla de Taizé: “Mantén en todo el silencio interior para habitar en Cristo. Llénate del espíritu de las Bienaventuranzas: alegría, simplicidad, misericordia”.
De vuelta a Borgoña, en octubre de 1944, el ambiente de Cluny o Clairvaux pudo impactarle. Habría podido soñar en crear o restaurar una orden cristiana. A la vez autoritario y sencillo, Roger Schuts es de la raza de los fundadores. Sin embargo, a lo largo de su vida nada le será más extraño que el hecho de instalarse, de fijar programas, de promover a su alrededor un movimiento, una estructura, un orden. Al contrario, su proyecto se inscribe en la dinámica de lo provisional, que será el título de uno de sus libros.
Los “hermanos” llegan uno a uno. Hacen los votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia, consagran su vida a Dios, a la liturgia, al trabajo, al silencio. El primer hermano francés entra en la comunidad de Taizé en 1948. “No querríamos ser más de quince”, dice el Hermano Roger. Cincuenta años después son noventa, originarios de una veintena de países de diveras tradiciones cristianas. La comunidad de Taizé también se instala, en pequeñas fraternidades provisionales, en la India, Bangladesh, Brasil, Áfrique, Corea, Nueva York, etc.
En 1948, el joven prior pide al obispo de Autun celebrar los oficios cotidianos en el templo parroquial de Taizé, una joya del románico. Su sospresa es enorme al recibir una respuesta, calurosamente positiva, no del obispo local sino del nuncio en persona, el representante del papa en Francia, que no es otro que monseñor Angelo Roncalli, el futuro Juan XXIII. Fue el inicio de una larga amistad. Juan XXIII fue una de las personas que más habrá tenido en cuenta el prior de Taizé. De 1962 a 1965, el Hermano Roger es uno de los observadores más atentos del concilio Vaticano II.
LA PASION DE LA UNIDAD
En 1941, el Hermano Roger recibió en Taizé al abad Paul Couturier, pionero de la lucha por la unidad de las Iglesias, que, en aquella época era una causa revolucionaria. Más tarde, se introducirá en la Regla de Taizé. En 1960 entra en la comunidad un hermano anglicano. En 1969, es el turno de Ghislain, joven médico católico belga. Otros hermanos les seguirán. A comienzos de los 70 serán una docena. Taizé no muestra ninguna pertenencia confesional. La comunidad no posee ni estatuto ni una constitución jurídica. Es una comunidad ecuménica en sentido estricto, que pretende ser figura anticipadora de la unidad cristiana.
Este protestante mantendrá las mejores relaciones posibles con todos los papas. Juan XXIII acoge al Hermano Roger con estas palabras: “¡Ah, Taizé, la pequeña primavera!!. Los encuentros con Pablo VI fueron igualmente positivos. Juan Pablo II en su viaje a Lyon, el 5 de octubre de 1986, franqueó el dintel de la comunidad: “Fui empujado por una necesidad interior”, dirá el papa, añadiendo otra frase que se haría célebre: Se pasa por Taizé como se pasa cerca de un manantial”.
Karol Wojtyla estimaba al Hermano Roger, a quien invitó a predicar en Cracovia ante 200.000 jóvenes. Pero el prior de Taizé será huésped frecuente del arzobispo anglicano de Cantorbéry, del patriarca de Constantinopla y de los responsables del Consejo Ecuménico de las Iglesias.
El acontecimiento-clave es el “concilio de jóvenes”, que el prior de Taizé convoca en plena borrasca tras el “mayo francés” (1968). Él comprende que las energías dedicadas a la juventud occidental no colmarían sus expectativas espirituales y que las Iglesias, a pesar del aggiornamento del Vaticano II no estarían equipadas en mucho tiempo para acoger a los jóvenes que huyen de las instituciones, abanfdonan las parroquias y los movimientos. La búsqueda de Dios, la sed de amistad y de absoluto, la búsqueda de sentido para la vida son aspiraciones de todas las generaciones y sobrepasan todas las crisis.
Antes de 1970, a centenares, los jóvenes ya celebraban la Pascua en las colinas de Taizé. Esta cifra va en aumento: en 1970 son 2.500, cuando Roger Schutz anuncia “la gozosa nueva” de un concilio de estilo inédito. Los años siguientes son 7.500, después 16.000, 18.000, 20.000 en Pascua de 1974, 50.000 el 30 de agosto siguiente en la apertura del “concilio de jóvenes”
BANCO DE ENSAYO PARA LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD
De todas partes y por millares, los jóvenes no cesan de afluir a Taizé: el gozo de encontrarse diferentes, la voluntad de superar las barreras ideológicas y confesionales, necesidad de solidaridad y de comunión, gusto por la fiesta, el silencio, las liturgias sencillas, deseo de formación bíblica que permita profundizar en la fe. Sobre estas bases van a prosperar estas formas de encuentros que apasionan a los jóvenes para saciar su sed de emociones y de experiencias. Taizé prepara las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), cuya 20ª edición tiene lugar ahora en Colonia.
A partir de 1978, entre Navidad y Año Nuevo, los encuentros internacionales convocan cada año a los jóvenes de todas las confesiones y del mundo entero. Tienen lugar en Roma, Colonia, Barcelona, Munich, Wroclaw, Praga, París, incluso Madras (India), más discretamente, tras el telón de hierro que los hermanos de Taizé, junto a muchos otros, quieren franquear. El Hermano Roger compara estos encuentros a “una peregrinación de reconciliación y confianza en la tierra”. Se desarrollan al ritmo de las urgencias del momento: la construcción de Europa, la defenza del medio ambiente, la caída del muro, el poscomunismo.
“Depende de los jóvenes que la gran familia europea salga de la era de desconfianza », proclama el Hermano Roger en la UNESCO, en 1989. Escribe también que « una de las urgencias del futuro es introducir la reconciliación allí donde existe la herida del odio”.
Hoy, Taizé continúa siendo hermoso. Se acude a la colina para rezar, no para empacharse de palabras. Para leer las Escrituras, encontrar otros jóvenes del último rincón del mundo, portadores de idénticos valores y de la misma sed de solidaridad que esta comunidad monástica tan original que ha sabido resistir a las modas –ayer, la duda y la contestación; hoy, la afirmación identitaria- y a la tentación de hacer de Taizé un ghetto. Hubert Beuve-Méry, fundador de Le Monde, era un gran amigo del Hermano Roger y asiduo visitante de Taizé.
Sesenta años después de la llegada de Roger Schutz a Taizé, no ha variado la intuición original. Así, el hombre que acaba de morir siempre estaba obsesionado por la enormidad de la tarea a cumplir. “¿Habré sabido expresar suficientemente que Dios no quiere el sufrimiento y que Él no se impone con voluntad amenazadora, sino que ama a todos los seres humanos sin excepción?”, escribía el Hermano Roger en uno de sus escritos de profundo porte espiritual. Y, como reconfortándose a sí mismo, más de una vez repetía: “Todavía estamos al principio”.
Chiara Lubich
Su nombre original es Silvia, pero cuando fue llamada a trabajar con la Tercera Orden Franciscana, fascinada por la elección de Dios de Chiara de Asís, tomo el nombre de Chiara.
En medio de esta fascinación por Chiara de Asís, le toca vivir años de pobreza extrema. Su padre socialista, a causa de sus ideas, no logra encontrar trabajo. Cuando tenía 19 años fue a visitar el santuario de Loreto. Allí tuvo la primera intuición de lo que sería su vocación: contempló un nuevo camino en la Iglesia, que más tarde muchos seguirían, un nuevo estilo de comunidad focolar de laicos (hombres y mujeres) en la que también se injertaban los casados según el modelo de la familia de Nazaret.
Chiara, cuando tenía poco más de 20 años, enseñaba en la escuela y había empezado los estudios de filosofía en la universidad de Venecia, animada por una apasionada búsqueda de la verdad. En el clima de odio y violencia de la segunda guerra mundial, cuando todo se derrumbaba, descubrió a Dios como el único Ideal que permanece. Ella misma habla de “descubrimiento deslumbrante”, más fuerte que las bombas que golpeaban a Trento, su ciudad natal. Responde a esta llamada de Dios, consagrando por siempre su vida a Él, el 7 de diciembre de 1943.
Bajo los bombardeos, junto con sus primeras compañeras, llevó el Evangelio a los refugios. “Lo que le hagáis al más pequeño me lo hacéis a mí”. Compartía todo lo que tenía con los pobres. Aún en plena guerra, les llegaban con insólita abundancia víveres, vestidos, medicinas. Experimentó la aquellas promesas evangélicas de que : “Dad y se os dará”, “pedid y recibiréis”. De aquí nació su convicción de que el Evangelio vivido a la letra, era la solución de todo problema individual y social.
Frente al inminente riesgo de muerte, en medio de la guerra, se pregunta ¿qué palabra del Evangelio tendrá Jesús mayormente en el corazón? Descubre el mandamiento nuevo “amaos como yo os he amado”. Viviendo este amor, experimentó, gracias a la presencia viva del Resucitado, su amor, alegría, paz, fuerza, frutos del Espíritu. No olvida el testamento de Jesús: “Que todos sean uno como tu y yo” en el que descubre el porqué de sus vidas. “Había nacido para la unidad, para colaborar a realizarla en el mundo”. “El nosotros divino de la Trinidad, se convierte en el modelo del nosotros humano”. Este se revelará como el código para transformar no sólo los individuos, sino también la sociedad.
Una nueva corriente de amor, la espiritualidad de la unidad se revelará en profunda sintonía con el espíritu del concilio Vaticano II. Rápidamente se difunde en Italia, luego en Europa y en todos los continentes. El Movimiento asume la fisonomía – como dijo Juan Pablo II – de un pequeño pueblo, formado por más de 2 millones de personas de las más variadas categorías sociales, de edad, idioma, raza y creencias religiosas.
“Nadie sabía cuál iba a ser el desarrollo de esta Obra. Las circunstancias, que se verificaron poco a poco, lo revelaron. También la estructura del movimiento, más que sugerida por ideas humanas, ha sido obra de la sabiduría, por la presencia de un carisma, es decir de un don de Dios”, dice Chiara Lubich, quien se considera ” un sencillo instrumento en las manos de un Artista”.
Con la difusión en el mundo del arte de amar a todos, y siendo los primeros en amar, se da comienzo a los grandes diálogos con cristianos de diversas Iglesias. Surgieron muchos encuentros de Chiara con los jefes de las otras Iglesias: desde el patriarca Atenágoras al Patriarca Bartolomeo I, del Primado Anglicano Ramsey al Doctor Carey, el Prior de Taizé Roger Schutz, el obispo luterano Hanselman y Kruse. Todos bendicen y animan la difusión de esta espiritualidad de la unidad en sus Iglesias.
Y coincidiendo con la entrega a Chiara del Premio Templeton por el progreso de la religión, en 1977, que impulsó el diálogo con judíos, musulmanes, hindúes, sikhs, animistas. Esta espiritualidad se revelará particularmente fecunda.
En enero de 1997, como primera mujer cristiana y laica, fue invitada a hablar de su experiencia espiritual a monjas y monjes budistas en un templo tailandés; en New York a 3.000 musulmanes en la mezquita de Harlem; y a los judíos en Buenos Aires, en abril de 1998.
Este diálogo se abre camino también con personas de diferentes convicciones no religiosas, atraídas por el ideal de fraternidad y solidaridad de los Focolares.
Chiara Lubich alimenta continuamente su obra con escritos, conversaciones, encuentros, viajes, dirigiéndose siempre al carisma e indicando poco a poco los desarrollos que revelan nuevas líneas en el designio original de Dios: la unidad de la familia humana.
Bajo esta clave de lectura se pueden leer los acontecimientos de estos años de 1996 a 1998, que la ven protagonista de nuevos encuentros con judíos, musulmanes y budistas, de la asignación de doctorados “honoris causa” en diferentes disciplinas: teología, filosofía, economía, ciencias humanitarias, comunicaciones sociales, de parte de universidades no sólo católicas sino también de pensamiento laico, en Polonia, Tailandia, Filipinas, Taiwan, Estados Unidos, México, Argentina y Brasil.
Chiara presenta la espiritualidad e la unidad en la UNESCO, en París, con motivo de la asignación del Premio 1996 por la Educación a la Paz, de las Naciones Unidas, donde, en el Palacio de Vidrio, interviene en un simposio sobre la unidad de los pueblos, en mayo de 1996.
En 1998 le es reconocida la acción en favor de la defensa de los derechos individuales y sociales, con el Premio Derechos del Hombre 1998, en el Consejo de Europa.
Luigi Giussani
Brevísima introducción a la vida y obra del fundador de Comunión y Liberación
El 22 de febrero, a la madrugada, fallecía a los 82 años, Don Giussani, fundador de Comunión y Liberación, uno de los movimientos que está recuperando la catolicidad de la sociedad en el mundo.
Luigi Giussani nació en Desio, localidad del Milanesado, en 1922. De su madre aprenderá a tener una intensa vida espiritual, mientras que de su padre recibirá su concepto de la estética y de la belleza. Amante de la música, su casa sería siempre hogar para muchos amigos dedicados al noble arte de Euterpe. De su madre, una visión positiva de la vida: “¡Qué bello es el mundo y qué grande Dios!”
En la juventud, Luigi Giussani entre en el seminario diocesano de Milán, donde coincidirá con profesores de relieve en la facultad de Teología de Venegono. Gaetano Corti, Carlo Colombo, Giovanni Colombo y Carlo Figini ayudaron a agudizar la intensa vida espiritual del joven seminarista.Su amor por la estética, y su cultivo de la música le llevará a acercarse a Dios a través de la belleza. Su fuerte personalidad e inquietud le hace promover junto a otros seminaristas una pequeña revista “Studium Christi” que trasmite, a nivel interno, la búsqueda de Cristo de este grupo de jóvenes que lo han dejado todo por Cristo. Tras su ordenación, será invitado a quedarse en el seminario como profesor de los futuros sacerdotes. Sus estudios se orientarán hacía la adhesión racional a la fe y a la Iglesia, por lo que estudiará la teología de los hermanos separados, de la Europa oriental y del protestantismo norteamericano. Incluso irá a Estados Unidos, de cuyo fruto saldrá su obra: “Grandi linee della teologia protestante americana. Profilo storico dalle origine agli anni 50″.
Entre 1954 y 1964, inicia un nuevo período de su vida al ejercer su magisterio en el Liceo Clásico “G. Berchet”. De aquí vendrá su experiencia educativa y la causa de que su investigación y educación se centre en el mundo pedagógico. Es la época que desarrolla la actividad de Gioventú Studentesca, embrión de lo que luego será Comunión y Liberación. Su éxito entre los jóvenes estudiantes, en un momento de control absoluto de los marxistas de los ambientes clausúrales hace que el joven pedagogo s ehaga cargo desde 1964 hasta 1990 de la cátedra de Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. A partir de 1969, aquellos estudiantes formados en sus enseñanzas empiezan a ser conocidos como Comunión y Liberación. Un movimiento laical implicado en la educación cristiana del hombre y el descubrimiento de Cristo, como liberador de la persona, a través de la escuela de comunidad. La persona se convierte en apóstol en el ambiente en el que se encuentra. CL ha subrayado su presencia en el mundo cultural, de donde procede esencialmente, pero no por ello ha descuidado su compromiso social con proyectos en países del tercer mundo y en barriadas periféricas.
En la actualidad, CL ha generado diversas formas de espiritualidad. La fraternidad de CL, reconocida desde 1982 por el Pontificio Consejo para los Laicos, asociación laical que reúne a cerca de 50.000 personas de 70 países del mundo y se reúnen semanalmente en las escuelas de comunidad; la fraternidad de San Carlos Borromeo, que reúne a los miembros que han recibido el orden sacerdotal; la fraternidad de San José, que reúne a viudos y solteros que viven su celibato en el mundo; los Memore Domini, laicos que se comprometen a una entrega absoluta a través de vivir la pobreza y la virginidad; e incluso una congregación de vida consagrada, las hermanas de la Caridad de la Asunción.
En cuanto a Don Giussani, como le conocen sus hijos, fue consultor de la Congregación para el clero y del Pontifico Consejo para los Laicos, y en 1983, fue nombrado prelado de honor de Juan Pablo II. Recibió distintos premios por su trayectoria intelectual e importancia en el mundo educativo, donde se destacaría en 1995, el premio Internacional de la cultura católica.
Entre sus obras podemos destacar: “El sentido religioso”; “El milagro de la hospitalidad”; “Porque la Iglesia”; “Afecto y morada”; “El hombre y su destino: en camino, La autoconciencia del cosmos”; “El yo, el poder las obras”; “El atractivo de Jesús”; “Toda la tierra desea ver tu rostro”; “Crear huellas en la historia del mundo”; “Los orígenes de la pretensión humana”; “La conciencia religiosa en el hombre”; “El templo y el tiempo”; “Para vivir la liturgia: un testimonio”; “Mis lecturas”; “El riesgo educativo”, entre los principales.
Troy Perry
Fundador de las Iglesias Comunitarias Metropolitanas
La historia de las Iglesias Comunitarias Metropolitanas (ICM) comienza con un hombre que fue expulsado de su iglesia pentecostal debido a su homosexualidad y que había tratado de suicidarse; tras este evento, tuvo el valor de creer en la promesa de amor y justicia que Dios predica para todos los seres humanos. El Reverendo Troy Perry, que tenía veintisiete años de edad, se sintió llamado por Dios para fundar una iglesia que adoptara a los gays, las lesbianas y demás minorías sexuales. La iglesia fue fundada meses después el día 6 de octubre de 1968, cuando el Reverendo Perry ofició la primera misa para once hombres y una mujer en lo que después se convertiría en la Iglesia Comunitaria Metropolitana de la Ciudad de Los Angeles. Presagiando la diversidad que florecería en las siguientes décadas, la congregación de esa mañana abarcaba a personas de origen protestante, católico y judío, incluyendo a una persona de color (un latino), un judío y una pareja heterosexual. Durante las siguientes décadas, el Reverendo Perry recibió un sin fin de premios sobre los derechos humanos y guió a la iglesia hacia su crecimiento y madurez.
Todas las personas – gays, lesbianas, bisexuales, transgénericas y heterosexuales – están invitadas a experimentar una vida nueva a través del evangelio de Jesucristo en las Iglesias Comunitarias Metropolitanas que ponen en acción la fe al crear una comunidad global de restitución y reconciliación y al confrontar las injusticias relacionadas con la homofobia, el sexismo, el racismo y la pobreza a través de las acciones sociales cristianas.
Desde su fundación en el año de 1968, han crecido hasta convertirse en una denominación de aproximadamente 300 iglesias en 18 países alrededor del mundo. A nivel mundial, se contaba con más de 40,000 miembros en el año 2000.
CELEBRAR LA VIDA
Muchos de los elementos que caracterizan sus celebraciones de veneración pueden rastrearse al primer servicio en el año de 1968: la comunión abierta para todos, la combinación de distintas tradiciones cristianas, llantos de alegría por parte de la congregación y el mensaje proclamado. En el primer sermón titulado “Se veraz contigo mismo”, el Reverendo Perry predicó un evangelio de tres puntos que alentaba a las personas a llevar la salvación cristiana, la comunidad cristiana y la acción social al resto del mundo.
A FAVOR DE LOS DERECHOS HUMANOS
Han estado y siguen estando a la vanguardia de todos los movimientos civiles, incluyendo los esfuerzos realizados a mediados de la década de los 90 para abolir la discriminación de las lesbianas y los gays dentro del ejército de los Estados Unidos de Norteamérica, la respuesta a la violación de los derechos humanos en Brasil y la lucha constante contra el movimiento derechista religioso. Desde sus inicios, han encabezado marchas y promovido distintas demostraciones con el fin de obtener justicia para las lesbianas y los gays. El Reverendo Perry demostró su compromiso personal hacia éstas acciones sociales al ayunar en público en dos ocasiones para promover los derechos de las lesbianas y los gays.
Su posición enérgica en pro de los derechos humanos la ha vuelto un blanco de ataque por parte de grupos opositores; por ejemplo, dieciocho Iglesias Comunitarias Metropolitanas fueron quemadas entre los años de 1971 y 1985. Hoy en día, éstas iglesias siguen siendo blancos de bombas y otros ataques violentos. A pesar de esta oposición, las Iglesias Comunitarias Metropolitanas continúan protestando en contra de las políticas homofóbicas, siguen llamando la atención a los crímenes causados por el odio, retan el movimiento derechista religioso y promueven leyes anti-discriminatorias en Europa, Latinoamérica, Asia y África, así como también en Norteamérica. Hoy en día, sus acciones sociales están presentes en el mundo entero.
AMOR Y CURACIÓN
La compasión está en el corazón de Troy Perry y en cada Iglesia Comunitaria Metropolitana. El amor cristiano se manifiesta a través del ministerio para los enfermos, los que han sufrido grandes pérdidas, los que están desconsolados, los pobres, los oprimidos y todos aquellos que sufren. La curación y la integridad del espíritu, la mente y el cuerpo se fomentan mediante una gran variedad de grupos de apoyo y otras actividades que la iglesia realiza para personas, parejas y familias.
COMUNIDADES JUSTAS
Troy Perry lucha por crear justicia y equidad entre sus miembros y en las iglesias locales a través de programas denominacionales. El estatus de la mujer en la iglesia ha sido estudiado y, en consecuencia, se están implementando programas para alentar la participación total de la mujer dentro de la vida de la iglesia. El porcentaje de mujeres que han decidido formar parte de los clérigos ha crecido enormemente; desde los años 1970 la proporción de mujeres que se han convertido en ministros ha sido mucho mayor en comparación con cualquier denominación cristiana alrededor del mundo.
Mantienen un énfasis programático y llevan a cabo una conferencia bienal para promover la justicia racial. Se toman las medidas necesarias para fomentar las habilidades espirituales y personales de las personas de color y para exhortar a una reconciliación entre todas las razas a fin de poder edificar una iglesia en donde las personas de todas las razas y todos los orígenes étnicos puedan participar.
Troy reafirma el sacerdocio universal de todos los creyentes y las personas laicas participan activamente en todos los niveles del ministerio. Los programas proveen oportunidades de capacitación, relación y renovación espiritual para los laicos y de desarrollo de la teología a través de discusión entre la base, en las cuales la doctrina, las creencias y el ministerio se derivan de las personas pertenecientes a las iglesias locales.
Troy Perry fundó la Iglesia para proclamar y vivir el amor incondicional de Dios hacia toda su creación. Cada una de las Iglesias Comunitarias Metropolitanas lucha por cumplir esta visión, misma que está registrada en la Biblia y que el Reverendo Troy Perry proclamó desde su fundación: “Mi casa será llamada la casa de oración para todas las personas”.
Por años su mano derecha fue la Rev. Nancy Wilson, quien actualmente ha sido elegida como la moderadora y cabeza de la Fraternidad de Iglesias de la Comunidad Metropolitana , ya que Troy ha pasado a retiro por su jubilación, y la Rev. Wilson fue elegida democráticamente por los delegados de las iglesias en el Jubileo de Calgary, Canadá en 2005 , siendo una de las pocas mujeres que dirigen una iglesia a nivel mundial
Bibliografía
Perry, Troy.
Don’t Be Afraid Anymore: The Story of Reverend Troy Perry and the Metropolitan Community Churches. (Ya no tenga Miedo. La Historia del Reverendo Troy Perry y de las Iglesias Comunitarias Metropolitanas)
New York: St. Martin’s Press, 1990.
Perry, Troy.
The Lord is My Shepherd and He Knows I’m Gay. (El Señor es mi Pastor y El sabe que soy Gay)
Nash Publishing Corp., 1972; UFMCC, 1994.
Kiko Argüello
De Sartre a San Pedro, de De Foucauld a McLuhan, no hay ideólogo que se resista al engranaje de teorías y experiencias que forman el discurso religioso y vital de este profeta de la nueva era y evangelizador de cristianos despistados. Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, cuenta por cientos de miles sus seguidores. Y cuenta también con el apoyo incondicional de las altas instancias de la Iglesia. Este leonés criado en Madrid presentó las pinturas realizadas en el ábside de la Catedral de La Almudena, y que el mundo entero contempló en la boda del príncipe Felipe y Letizia Ortiz. Una obra que supera con mucho la dimensión meramente artística.
¿Qué obtuvo Rouco a cambio? Los cuantiosos donativos de los kikos son importantes, pero probablemente no lo más valorado por el cardenal. Esta agrupación es una fuente importante de vocaciones, en un momento de especial crisis. Y es también un grupo fuerte y bien organizado..
Kiko presume de un precoz premio nacional de pintura, y de una obra marcada por un antes y un después de su caída y revelación mística. Antes, desnudos nihilistas que desde luego no pueden presumir de ser muy conocidos. Después, un arte sacro que ha estado siempre sometido a la prioridad evangelizadora del leonés.
La intervención en La Almudena es un paso más en la fulgurante ascensión de este predicador. Aunque hoy, con todas las bendiciones de la Santa Sede, el Camino Neocatecumenal no se libró en sus orígenes de las acusaciones de herejía. Incluso en la actualidad, con sus estatutos aprobados por las correspondientes instancias vaticanas, las críticas que tratan a Kiko como un visionario y a su organización como una secta son frecuentes.
Francisco José González de Argüello, Kiko Argüello, nació en León en 1936, pero dos años después se trasladó con su familia a Madrid por motivos de trabajo de su padre, abogado. Allí vivió, en el seno de una familia acomodada y católica. Sus padres eran practicantes, «pero en casa el único dios era el dinero», suele recordar.
Estudió Bellas Artes, y en la facultad se introdujo en el ambiente universitario de los años sesenta, muy relacionado con el comunismo. Allí tuvo la crisis, que él mismo denomina existencial, que le llevaría primero al agnosticismo y más tarde a la conversión, la renuncia a todo y la labor evangelizadora. Artista en crisis, Argüello repite la misma historia de su evolución espiritual y personal en todos aquellos foros en los que se le pregunta por los pasos iniciales de quien hoy es considerado uno de los principales líderes espirituales a nivel mundial.
Andrea Riccardi
La Comunidad de San Egidio, nacida en Roma en 1968, y hoy presente en más de 60 países, es un movimiento de laicos comprometidos en el anuncio del Evangelio y en la caridad con los más desfavorecidos. En su nacimiento influyeron el ambiente estudiantil ansioso de autenticidad y la primavera eclesial del post-concilio.
En este contexto, un joven estudiante de 18 años, Andrea Riccardi, junto a un pequeño grupo de amigos, se interpelaron sobre cómo vivir el Evangelio en el mundo de hoy, abiertos al mundo lejano y a los pobres cercanos.
En la actualidad, la Comunidad de San Egidio está reconocida como Asociación Internacional Pública de Laicos, y está formado por más de 40.000 personas, laicos en su inmensa mayoría, reunidas en pequeñas comunidades y que comparten un camino común que tiene como eje la escucha del Evangelio, la oración comunitaria, y la cercanía a los pobres. Así, en todas las Comunidades de San Egidio, desde Roma hasta Kinshasa, desde Madrid hasta San Salvador, la oración al final de la tarde es el momento de encuentro con el Señor, de orientación y reposo del corazón, tras haber compartido la amistad con los pobres de la ciudad en los diferentes servicios de la comunidad: escuelas para niños, comedores para transeúntes, casas de acogida, etc…
Una ventana abierta al mundo
Desde aquel 1968 hasta la actualidad, nuestra sociedad ha cambiado, y también los pobres que encontramos: si al principio los niños que vivían en chabolas y no iban al colegio eran el centro de nuestro servicio, hoy los inmigrantes, los ancianos o los enfermos de SIDA, son el nuevo desafío de la pobreza que vive nuestra vieja Europa. Este cambio no se refiere tan sólo a las ciudades del Norte, sino también al gran Sur del mundo afligido por las guerras, por las hambrunas, por la enfermedad y, sobre todo, por la indiferencia. Las profundas transformaciones que están teniendo lugar han cambiado también el modo de vivir de esta comunidad que quiere ser una ventana abierta al mundo con los ojos de Jesús. Por esto, San Egidio está comprometida en la comunicación del Evangelio de paz, en el anuncio de un Evangelio para todos, que traiga la reconciliación a un mundo amenazado por las divisiones y la guerra.
El contacto con la pobreza más alejada de nuestras ciudades europeas empezó en 1976 con la cercanía a la realidad de Mozambique, un país castigado por la guerra de independencia y posteriormente por la guerra civil. Tras diversos contactos con la guerrilla y el gobierno, San Egidio acogió la petición de ser mediadora en este conflicto, de ayudarles a dialogar, a poner freno a una guerra que había causado un millón de muertos. Fueron dos años y medio de negociaciones y de oración para retirar las montañas de odio y violencia del corazón de aquellos hombres. Finalmente, el 4 de octubre de 1992, fiesta de S. Francisco de Asís, se firmó el acuerdo de paz. Este año se cumplen diez de aquella firma que ha resucitado a este país a una nueva vida. Desde aquel momento, San Egidio es conocido en todo el mundo como una casa de paz, como una casa con las puertas abiertas para el diálogo.
No sólo Mozambique, también Burundi, Argelia, Guatemala, Kosovo, Líbano, Congo, y otros países han mirado a esta comunidad de laicos con la esperanza de quien busca algo que no pueden dar las potencias ni la economía: con la esperanza de quien busca una paz verdadera que desarme los corazones de los hombres.
Un arca de esperanza
La presencia de numerosas comunidades de San Egidio en muchos países de África confirma nuestra convicción de que nunca se es tan pobre como para no poder ayudar a otros, es decir, que el Evangelio es una buena noticia que nos abre a los demás en cualquier situación. Las comunidades de San Egidio africanas, a pesar de vivir en medio de situaciones difíciles de guerra, pobreza o enfermedad, representan un arca de esperanza para sus países porque sueñan con un futuro diferente para esa África olvidada por todos. Hoy San Egidio está especialmente comprometida en la batalla contra el SIDA en África a través de un ambicioso proyecto de tratamiento de la enfermedad con la terapia retroviral en Mozambique. Las madres embarazadas y los niños son actualmente el objetivo prioritario de este proyecto que pretende devolver la esperanza y la vida a los hijos de este continente tan castigado.
Cada vez más, nuestras sociedades son una realidad multicultural: la inmigración se ha convertido en un desafío para la cohabitación de personas de lengua, cultura y religión diferente, especialmente en las ciudades del Norte rico del mundo. El papel de las religiones como fuente de paz se puso de manifiesto de forma extraordinaria en el histórico encuentro de Asís en 1986, donde Juan Pablo II invitó los a principales líderes religiosos a rezar juntos por la paz. Desde aquella fecha, San Egidio se ha comprometido en hacer crecer este “espíritu de Asís”, reuniendo cada año a representantes de las diferentes religiones mundiales y de las distintas confesiones cristianas, así como a numerosos exponentes del mundo de la política y la cultura, para interrogarse sobre su responsabilidad en la paz. Este año, el encuentro ha tenido lugar en Palermo y, bajo el lema: “Religiones y Culturas entre conflicto y diálogo”, ha constituido una respuesta profunda de paz ante la tensa situación mundial creada tras la tragedia del 11-S, donde nuevos vientos de guerra y un pesimismo generalizado amenazan a la humanidad con ahogar las débiles esperanzas de paz.